Desde el ecologismo tampoco tenemos muchas esperanzas. La Coordinadora Ecologista ya denunció la situación a finales del año pasado. Además teniendo en cuenta como funcionan otros procedimientos ambientales como el caso de las alegaciones a las Evaluaciones de Impacto Ambiental, cuando las hay y las empresas no se escaquean por medio de "atajos legales". O si vemos como sobreviven las Agendas XXI, que se parecen a las vírgenes que dormitan olvidadas en una esquina de la iglesia hasta que el pueblo las saca en procesión cuando hay sequía. En este caso los ayuntamientos y el Principado se acuerdan de las Agendas XXI cuando truenan fechas especiales o cuando hay que hacerse una foto "verde" ante los medios. Por no hablar del cumplimiento de los planes de vigilancia ambiental, que cita la consejera en su nota y que no son nuevos ya que las grandes obras públicas los tienen en el papel y para los amigos, ya que a vecinos y organizaciones ecologistas ni se nos recibe, ni se nos informa, ni se tiene en cuenta nuestras consideraciones. Todo un complejo entramado de normativas que conforman una tómbola ambiental a la medida de la administración y las empresas, donde las organizaciones sociales y vecinales son excluidas o reducidas a una participación simbólica.
De esta forma se crea una inseguridad que termina cuando las polémicas son insostenibles y acaban estallando o en los medios de comunicación o, desde ahora, en instancias superiores. Porque lo que si cambia es que la Consejería de Medio Ambiente al otorgar estas “Etiquetas Verdes”, también tendrá parte de responsabilidad en los incumplimientos y problemas que las empresas generen. La Consejera de Medio Ambiente puede que haya presentado los deberes a tiempo; pero ¿Será capaz de aprobar el examen?