Devergüenzas inmobiliarias en Avilés

En estos días quedé asombrado al conocer que en un lugar nada especial y que muchos no dudarían en catalogar en la categoría “el culo del mundo”, me refiero a Avilés, el metro cuadrado de vivienda está a más de 7.400 euros en el centro urbano, según como aparecía en la prensa. A pesar de ello, la noticia recogía la apreciación de profesionales del sector que señalaban que nadie espere un pinchazo de la burbuja inmobiliaria, que en todo caso los precios se desacelerarían y que aún no es mala la ocasión para comprar, pues estiman que existen oportunidades de vivienda “asequible” en el extrarradio avilesino.
Quizás pensarían en los pisos del paternalismo franquista, ya con un montón de lustros resistiendo sus cimientos y que mejor no entrar en detalles sobre las calidades de sus materiales constructivos. Aún así no es inconveniente para que los propietarios pidan por uno de estos pisos noventa mil euros si no más. Cada españolito somos un especulador en potencia con tal de que tengamos propiedades, ante la indiferencia de unos poderes públicos que llevan ya muchos años con un pacto no escrito de no intervenir en asuntos inmobiliarios y ciscándose, de esta manera, en el artículo 47 de la Constitución. Bueno, para ser justos y ecuánimes, no todas las Administraciones han renunciado a poner soluciones a este atropello y abuso inmobiliario. Ahí tenemos el municipio de Marinaleda (Sevilla), donde su Ayuntamiento aplica una verdadera política urbanística de izquierda aún desconocida en el resto de España.
Y es que esta desvergüenza, propiciada por la inacción de los poderes públicos, contagia hasta espacios como el mundo sindical. Promotoras inmobiliarias se asocian con sindicatos como UGT o CC.OO. para ofrecer viviendas supuestamente de “protección”. Es así como yo, deseoso de dejar atrás el pago de un alquiler abusivo y que consume buena parte de mi economía, hace una temporada me interesé por una promoción de UGT en Ribera de Arriba, con viviendas adosadas de dos plantas. Pensé en la oportunidad de encontrar un precio conforme a mis posibilidades, teniendo en cuenta que el entorno de la urbanización no es muy favorecido, al hallarse en las cercanías de una contaminante y ruidosa central térmica (lo que podemos renunciar en nuestro entorno ambiental por una vivienda asequible...). Mi sorpresa es cuando en la sede ovetense de UGT se me dice que el precio de esas viviendas está en torno a los ¡145.000 euros!, es decir, cerca de los 25 millones de las antiguas pesetas. Coincide que recientemente nos anuncian por televisión los “resorts” murcianos de “Polaris World”, donde habría viviendas junto a campos de golf por menos de 120.000 euros. Unas segundas residencias de lujo más baratas que unas viviendas “dignas” de “protección” amparadas por un sindicato obrero, parece una tomadura de pelo en toda regla. Aquí hay algo que no cuadra.
¿Tendremos que ir a vivir a Murcia?
En toda esta locura inmobiliaria sigo poniéndole velas al santo para que de una puñeterísima vez reviente la dichosa burbuja inmobiliaria. Empiezo a sospechar que dios ya está recalificado.

Emilio Rabanal Menéndez
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